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miércoles, 11 de enero de 2017

PABLO NERUDA y Bolivia



NERUDA, Pablo (Parral, Chile, 1904 – Santiago de Chile, 1973).- Poeta.
Su nombre real fue: Ricardo Eliécer Neptalí Reyes Basoalto. En 1973, a pocos días del fallecimiento del poeta, el escritor boliviano Augusto Céspedes, conmovido por la muerte del chileno, se lanzó a reconocer la significación de mismo al decir: “Neruda, subterráneo y mineral, en contacto con las raíces y las vetas, nativo de la materia prima, surgiendo elemental geológico y marítimo de las simas abismales y de fosas submarinas con raros ejemplares de una retórica onírica en las manos; el poeta que ha ocupado el territorio lírico de la época con sintaxis y adjetivaciones de misterioso origen molecular aproximándose a las esencias por la vía de la purificación sensorial”.
Céspedes no sería el único, la también poeta Matilde Casazola expresó por su lado a su manera: “Sólo queda empaparnos de esta lluvia, / complicarnos en la historia de tu fin / hundir nuestros zapatos en los charcos / pesados de tristeza; pero sin olvido; / Jamás! Pero pesados / también de furia, de impotencia gris. / ¡Oh gigantesco Pablo! / La luz del Ande para ti”.
Y las voces de lamento se sumarían con los días. Así, escritores, artistas e intelectuales nacionales reconocían, más allá de las diferencias circunstanciales boliviano-chilenas, el valor de la obra de Neruda, reconocimiento que no nacía en el momento sino venía de antes. Ya en 1969 por ejemplo, una delegación boliviana en el marco de un congreso de escritores tenía un encuentro con el apóstol chileno, allí estuvieron Marcelo Quiroga Santa Cruz, Juan Quirós, Oscar Cerruto y Walter Montenegro, además de Augusto Céspedes. Otros eventos llevarían a Gil Imaná, Marina y Nilda Núñez del Prado, José Antonio Arze y Guillermo Viscarra Fabre a relacionarse con el poeta.
El historiador, periodista y diplomático (ex Cónsul de Bolivia en Chile) Mariano Baptista Gumucio proporciona información reveladora en su libro Pensando en Bolivia (La Paz, 2000); allí descubre la amistad de las hermanas Núñez del Prado con Gabriela Mistral y Neruda, además de subrayar fragmentos del Canto General que alude a Bolivia: “Belzu ha triunfado. Es de noche. La Paz arde / con los últimos tiros. Polvo seco / y baile triste hacia la altura / suben trenzados con alcohol lunario / y horrenda púrpura recién mojada. / Melgarejo ha caído, su cabeza / golpea contra el filo mineral / de la cima sangrienta, los cordones / de oro, la casaca / tejida de oro, la camisa / rota empapada de sudor maligno, / yacen junto al detritus del caballo / y a los sesos del nuevo fusilado”.
Otro poema significativo para los bolivianos es aquel dedicado a la artesana Nilda Núñez y que dice: “Nilda trabaja con metales y piedras, / Construye con rocío, con flores duras, Con materiales duros que caen a veces del cielo, / Sus alhajas son lujos de la naturaleza, / Anillos del fuego, pequeñas torres de la luna. / Nació Nilda, como su maravillosa hermana Marina / En las alturas de Bolivia, más cerca del cielo / Que nosotros más terrenal; allí / El paisaje es sólo fulgor, dureza, / Extensión del silencio. / Allí comenzó Nilda a construir estrellas. / Gracias a ella podemos tocarlas, minúsculas / Y misteriosas, para que se enciendan en mi mano. / En tu mano, / Robadas a la sombra soberana. / Engastadas en la luz de Nilda”.
Otro notable poema es el titulado ‘Tres niñas bolivianas’ que fuera antologado por Rafael Alberti el año 2000, que dice en una de sus partes: “Palomas de Bolivia, hijas de greda, / doradas de la altura, / cántaras de aire, ahora / sentémonos en el camino, / contemos cuarenta centavos, / una manta, una vela, una olla, / sentémonos en la pobreza. / Arriba muerde el aire frío / y es un paraguas en el cielo / el cóndor oscuro y sangriento. / Yo toqué el espinazo andino / con mis manos y tengo el alma / atónita y ferruginosa. / Ahora estoy sentado con las / taciturnas novias de arcilla / y es lejos de todo horizonte, / es solitaria toda vida, / sólo celeste cielo y nieve, / cumbres raídas, lluvia férrea / como las espaldas de Dios, / como las lanzas del diablo, / como los látigos del hombre”.
Ya en el 2004, con motivo del centenario del nacimiento Neruda (12 de julio de 1904), en Bolivia a lo largo del mes de julio se hicieron una serie de actividades para sumarse a la conmemoración universal. De por medio estuvo la visita a La Paz de Volodia Teintelboim, uno de los biógrafos de Neruda y la entrega de la Medalla Presidencial ‘Pablo Neruda’ al poeta boliviano Julio de la Vega, galardón entregado simultáneamente en distintas partes del mundo. Del conjunto de aquellos eventos, sobresale la edición, por parte del Centro de Documentación en Artes y Literatura de la Fundación Patiño (CEDOAL), de un catálogo en el que se registra datos del fondo bibliográfico y hemerográfico de aquella institución, además de una reseña biográfica y una breve antología de versos. Un documento altamente útil para los investigadores.


FUENTES: M. Baptista, Pensando en Bolivia, 2000, 27-47; A. Céspedes, “Pisando luz y pólvora”, PL, 30.09.1973, 1; M. Casazola, “Pablo Neruda”, 30.09.1973, 1; Marina Núñez del Prado, Eternidad en los Andes (memorias), 1973, 210; P. Neruda, “Tres niñas bolivianas” en Antología Poética, Edit. Rafael Alberti, Colombia, 2000, 327-329; Pedro Shimose, dibujo tomado de Presencia Literaria, LP, s.f.

 FOTO: Pablo Neruda acompañado por el boliviano José Antonio Arze.

COPYRIGHT: Elías Blanco Mamani / Museo del Aparapita

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