GEHAIN, Adhemar
(Bélgica, s. XIX - Bruselas, Bélgica, 1955).- Pedagogo.
De profesión
pedagogo. Según datos del biógrafo Josep Barnadas (2002), Gehain llegó a
Bolivia como parte de la Misión Pedagógica Belga el año 1913. Se desempeñó en
principio com profesor de geografía e historia en la Normal de Sucre,
posteriormente asumió la dirección del colegio ‘Junín’ (1918-1926). En la
ciudad de La Paz asumió el cargo de Director general de la Enseñanza Primeria,
Secundaria y Normal (1926-1930). De retorno en Bélgica fue designado Cónsul
General de Bolivia (1937). Ha publicado varios libros de rango educativo.
Citado por
Manuel Frontaura Argandoña, Gehain definió a Bolivia: “País extraño,
contradictorio, rico de dones, cuna de la más antigua civilización del pasado y
grávido de porvenir. /…/ Nada de más majestuoso, nada de más vario en
arquitectura geográfica que Bolivia. Indiferente en el trópico, se yergue de un
golpe en occidente, con una maravillosa cordillera. Son los Andes, cuyas
cumbres se elevan a más de 7.500 metros, y cuyos robustos flancos sostienen, a
4.000 metros de altura, el altiplano donde pulsa el corazón del país. Todos los
cielos, todos los climas, todos los productos del globo están allí reunidos es
ese territorio erizado de cimas y quebrado en abismos, como su historia. / Es
una tierra de contrastes, de oposiciones violentas, de cambios imprevistos y
rápidos. A los desiertos áridos suceden valles paradisíacos llenos de
manantiales, cargados de flores y de frutos. Aquí los picos nevados se lanzan,
como titanes, al asalto del cielo y se curvan hacia el litoral perdido,
mientras las sierras despliegan sus vísceras colmadas de metal puro. Allá está
el altiplano desolado, sobre el cual se extiende el vuelo majestuoso del
cóndor, por allí pasa la llama desdeñosa, aristocrática, como aparecía en los
vasos de arcilla de los Incas. Más lejos, hacia el Atlántico, está la floresta
sofocante, saturada de esencias, donde la naturaleza ha recibido la bendición
del Creador”.
Y Sobre
Tiwanaku, el mismo hacía la siguiente reflexión en 1929: “La tierra de Tiahuanacu
es una tierra sagrada. Sagrados son sus monolitos. Sagrado es su suelo. Sagrado
es su paisaje. No se debe, no se puede atentar contre el conjunto prodigioso
reunido allí. /…/ constituyen algo como
las huellas prodigiosas dejadas por una raza de gigantes, en la magna ruta de
las civilizaciones”.
LIBROS Historia: Resumen
de historia general contemporánea (1914); Lecciones de Geografía general (1917). Ensayo: Reflexiones
(1929).
FUENTES: A.
Gehain, “Las ruinas de Tiahuanacu” en Reflexiones, 1929, 235-245; M. Frontaura,
Descubridores y exploradores de Bolivia, La Paz, 1971, p. 21-22; Josep Barnadas, Diccionario
Histórico: I, Sucre, 2002, p. 929
DERECHOS
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